Deporte
Quedó obsoleto
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Después del Mundial quedé extasiado porque pude ver 102 de sus 104 partidos, encuentros que, en su mayoría, fueron de gran nivel, especialmente para mí, que disfruto mucho de los duelos tácticos. Obviamente, como cualquier aficionado, disfruto los partidos con muchos goles de lado y lado, pero también me gustan los juegos de ajedrez, como lo fue el primer tiempo entre España y Francia.
Sin embargo, después del Mundial me quedó una reflexión: definitivamente, el fútbol cambió para siempre. En la élite ya no se juega el fútbol con el que crecí, ese fútbol de posiciones fijas en el que cada jugador tenía una función y una tarea determinadas dentro del campo.
Ese fútbol se acabó. Ya no existen el 5, el 9, el 8 y, mucho menos, el 10, que es del que vamos a hablar hoy. En la actualidad, la única posición claramente definida es la del arquero, y eso porque puede agarrar el balón con las manos. Porque uno ve a Unai Simón en España y juega más como líbero que debajo de los tres palos.
Este nuevo fútbol de élite ha alterado las funciones y las tareas de todos los jugadores en las diferentes facetas del juego. Incluso ha hecho desaparecer la táctica fija tal como la conocíamos: el 4-4-2, el 4-3-3 y las demás formaciones tradicionales.
Ahora existe una táctica dinámica en la que los jugadores ocupan espacios del campo durante apenas unos segundos y van rotando según la fase del juego en la que se encuentre el equipo.
En este nuevo fútbol de élite hay una posición que ha desaparecido por completo: la del número 10. Ese jugador que se ubicaba entre los volantes de marca y el centrodelantero ya no existe, porque ese espacio hoy lo ocupan los mediocampistas que suben a dirigir el juego, el 9 que desciende para desocupar el área y permitir la diagonal de los extremos, o los extremos que se desplazan hacia el centro para facilitar la profundización del lateral.
Hoy en día, el 10 se quedó sin un espacio fijo que ocupar en un fútbol en el que nada permanece estático. Esto ha llevado a una mayor velocidad de juego, en la que ya no basta con la habilidad o la técnica: el despliegue físico es ahora un factor fundamental.
La función del 10 estático, pasador y dominador del juego pasó a ser desempeñada por los volantes ubicados delante de la defensa, como Rodri, Vitinha o Modrić, quienes conducen el balón desde atrás y, con su gran técnica, realizan asistencias que antes veíamos exclusivamente en jugadores como el Pibe Valderrama.
A estos mediocampistas se les han sumado los defensores centrales, que ya no se limitan a defender, sino que también construyen el juego desde atrás mediante pases largos y cortos. Lo que hacían los números 10 de antaño ahora también lo hacen los centrales, como lo hizo Cubarsí tantas veces durante este Mundial.
El cambio en el estilo del fútbol de élite, que pasó de ser un juego estático a uno dinámico y móvil, puede observarse en el aumento de la intensidad y la velocidad.
Un estudio realizado por la Universidad de Sunderland comparó cómo evolucionaron la distancia recorrida a alta intensidad, la distancia cubierta en los sprints, el número de sprints y la cantidad de pases por jugador. Todos estos indicadores aumentaron más de un 30 % en un lapso de diez años.
El número de sprints por partido fue el indicador que más creció: pasó de 31 a 57, lo que representa un aumento del 87 %.
A esto podemos sumarle un estudio publicado por el British Journal of Sports Medicine, según el cual, entre las temporadas 2015/16 y 2024/25, la distancia total recorrida por los equipos de la Premier League apenas aumentó un 2 %, mientras que la distancia al sprint creció un 40 % y las carreras de alta intensidad aumentaron un 27 %.
Esto demuestra que el fútbol moderno de élite no exige simplemente recorrer más kilómetros: exige repetir una mayor cantidad de esfuerzos explosivos, especialmente durante las transiciones y la presión tras pérdida.
Esta mayor velocidad e intensidad exige que todas las posiciones del campo participen en todas las fases del juego. Los jugadores que tradicionalmente no tenían responsabilidades defensivas, como el 9 y el 10, han tenido que asumirlas, así como los defensores centrales han incorporado funciones ofensivas.
El 9 se vio menos afectado que el 10. Esta posición se transformó y pasó de estar representada principalmente por el delantero alto y fuerte, dominante en el juego aéreo, a ser ocupada por un jugador rápido, habilidoso y efectivo.
Los antiguos delanteros que funcionaban como postes son ahora una especie en vía de extinción. El 10, en cambio, desapareció como tal.
El 10 desapareció del fútbol de élite, pero aún puede sobrevivir en competiciones de menor nivel, donde la intensidad, la velocidad y la riqueza técnica no son la norma.
En Colombia, por ejemplo, todavía podemos ver jugadores con estas características, como James Rodríguez y Juan Fernando Quintero. Ambos poseen una enorme riqueza técnica, pero no corren ni tienen la intensidad que exige el fútbol moderno, lo que los margina de la élite.
La única puerta que todavía encuentran abierta en ese nivel es el amiguismo dentro de la Selección Colombia. Sin embargo, quedan en evidencia cada vez que enfrentan a rivales de máxima exigencia, como ocurrió en el Mundial, cuando, ante selecciones de élite, no pudieron ni siquiera tocar el balón y terminaron perjudicando el funcionamiento del equipo.
Sé que, si usted es fanático de James Rodríguez, estará pensando: «Pero fue el mejor jugador de la Copa América». Déjeme decirle que eso fue un espejismo.
Todo el mundo se maravilló con sus seis asistencias, pero cuatro de ellas fueron a balón parado y cinco se produjeron frente a selecciones que se encuentran a kilómetros de la élite.
No estoy diciendo que jugadores como James y Juan Fernando Quintero no tengan lugar en el fútbol. Lo que sucede es que ya no tienen lugar en la élite.
Deben conformarse con competir en ligas de menor nivel, donde la velocidad, la intensidad y la calidad técnica se parezcan a las de hace treinta años. En la élite actual no tienen cabida: quedaron obsoletos.
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